el urdidor de embustes

Literatura, reflexión y otros aderezos

viernes, mayo 06, 2005

Tarde deshojada

Así dormida, con esa apabullante quietud en medio de este verano lleno de aire sucio y esperanzas recalentadas, Elena se transforma en un hermoso espíritu ajeno a mi pobre dimensión de vagabundo blando de hastío, señor de los proyectos frustrados y de las pasiones que no cuajan, qué le voy a hacer si nací pegado a la duda, si no soy capaz de mover un dedo más allá de lo razonable. Elena es mi único chorro de locura y sé que cada día está un poco más lejos, quisiera...

- ¿Me estás leyendo la mente o echándome una maldición?
- Creí que dormías.
-No, un poco atontada, nada más. Y ni se te ocurra el chiste fácil de que es mi estado natural, que te doy. ¿Estás bien?
- Sí, tranquila, la puerta estaba entreabierta y me apeteció mirarte; siempre eres una alegría para los ojos.
- Pues esas libertades tienen un precio. Se me están quedando los pies fríos...

Anidando caricias densas entre mis dedos, despierto, habitar en la aventura de esta piel sonriente, para qué la insípida pesadumbre, aprendo a dejar de ser en ella, otra vez, las que sean necesarias, latidos sagrados.

2 Comments:

At 11:31 p. m., Blogger GVG said...

Se percibe en el ambiente algo contenido, una poesía que luego tiene reflejo en el diálogo.

 
At 1:51 p. m., Blogger El paso del ciempiés said...

Me gusta... ¿qué mas puedo decir?

 

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